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22 de enero - fútbol, football
Ayer fui a ver Miss Bala. Debo decir que, contra todo pronóstico, no me pareció mala. Sí, la trama tiene sus problemas, sí, los actores también, y sí, no es del todo agradable que no usen luz artificial. Pero en general me pareció una película interesante y bien hecha. Ojalá y no sean los goggles gringos los que me estén haciendo ver la película con esos ojos.
Hoy fue día de deportes. En la mañana me lancé con unos amigos a Legends, que es el bar de Nueva York donde se juntan los clubs de fans de los equipos de fútbol europeo. Está abierto a deshoras, dado que los partidos de Europa son en la mañana acá. Hoy jugaban Arsenal y Manchester United.
Fue una experiencia bastante intensa. Llegué y no sólo estaba lleno, estaba lleno de ingleses briagos. Era de esperarse, supongo. Pero igual me impresionó. Fans de ambos equipos. Varios cantaban como en el estadio. Gran ambiente. Cuando anotaba un equipo, le cantaban a los del otro en forma de burla. Igual del otro lado. No hubo golpes, aunque algunos amenazaron.
Después, hablando con un compañero que se la vive ahí, me contó que el tipo que estaba parado a mi izquierda -porque el bar es para ver los partidos parado- es un hooligan irlandés que pasó un rato en el tambo. No que tuviera pinta de malandro, pero sí me tenía ligeramente espantado cuando le mentaba la madre a la tele. Y eso que medía medio metro menos que yo.
En la tarde tuve la experiencia gringa: fui con los mismos amigos a un bar para ver el partido de los Gigantes de Nueva York vs. los 49s de San Francisco. El que ganara iba al Súper Tazón. Los Gigantes tenían las de perder, pero al final se llevaron el pase. Como dice el dicho acá: “Any given Sunday…” (un domingo cualquiera puede pasar cualquier cosa. No importa quién sea el favorito, básicamente). El partido no estuvo muy emocionante -más bien reñido-, pero en el bar había un tipo de San Francisco que se empezó a bronquear con los niuyorquinos. Los niuyorquinos estaban bastante tranquilos, curiosamente era el otro tipo el que estaba armando desmadre. Tampoco pasó a físico, pero la pelea verbal fue ruda.
El tipo unió al bar. Todo mundo empezó a apoyar de forma más abierta a los Gigantes. Era tan, pero tan nefasto, que hasta yo me uní en los gritos pro-Giants. Importaba más que ganaran para que el tipo se callara que para verlos en el Super Bowl.
En fin, el punto es que los deportes tienen a la gente con los sentimientos a flor de piel. Estando acá, lejos de los Pumas, ya había perdido un poco la sensación. Los sigo viendo por internet, sin falla, pero no es lo mismo. Extraño la pasión deportiva.