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20 de diciembre - México
Llegué el domingo por la noche. Antes de que el avión se detuviera, ya había un señor bajando equipaje y moviéndose por el pasillo. Varias veces le dijeron por el altavoz que se sentara, y siguió como si nada. Tuvo que ir una sobrecargo a sentarlo.
Voy a generalizar, pero: explica mucho. Nada más llegas a México y dejas de obedecer las reglas.
Luego, una maleta se atoró en la banda de equipaje. Resulta que en la terminal 2, el espacio para que las maletas pasen de un lado a otro es bastante estrecho. No se les ocurrió que en algún punto podría atravesar una maleta de mayor tamaño.
Ya afuera, lo que más me sorprendió fue lo oscuro que está todo. La ausencia del alumbrado público.
Estas semanas las dedicaré a descansar. (Y a trabajar en la tesis, también. Pero a paso reducido)
Por aquí ando.