26 de noviembre: “Seminar”
Ya que es fin de semana de puente, decidí ir al teatro. Primera vez que voy desde que llegué a la ciudad.
Hace unos días estrenaron “Seminar”, una (¿tragi?) comedia con Alan Rickman. La obra, de un acto, es sobre un grupo de cuatro jóvenes que contratan a un escritor en el ocaso de su carrera para que les dé clases de escritura.
Estaba muy ilusionado por verla. Alan Rickman es de mis actores favoritos, sobre todo en los últimos años por su interpretación de Severus Snape, el hostil, maldito y excelente villano en la serie de Harry Potter.
Debo decir que Rickman no me decepcionó para nada. Tal vez sentí que a veces era una variación del mismo tema: el profesor hostil que deriva su único placer de insultar de forma creativa a sus estudiantes. Sólo que aquí usa pluma en vez de varita.
No importa. Aunque no cambie mucho, igual es muy padre ver a un actor que admiras. Y escuchar a Rickman mentarle la madre a alguien en un inglés casi victoriano es de los grandes placeres de la vida.
La obra está bien. Es de paso rápido, muy de one-liners (algunos muy chistosos). Como buena obra gringa, los actores son de primer nivel. Es agradable verlos en el mismo tono. Sobre todo después de estar acostumbrado a ver tanta desigualdad en las producciones nacionales.
Hasta Jerry O’Connell, famoso por hacer películas chafas -y aquí en su debut teatral-, da la nota correcta.
El set está muy bien diseñado. Se supone que la obra ocurre en un departamento del Upper West Side. Justo así es como son (los que he visto, claro).
Las transiciones me llamaron mucho la atención. Como es obra de un acto, cortan seguido para mover algunas cosas y avanzar el tiempo. Cada que inicia un nuevo mini-acto, se enciende la luz y se escucha el “puc” del interruptor.
Creo que mi única desilusión fue el guión. El New York Times lo define como un “guión de GPS”, a saber: toca todos los puntos que debe, te guía al lugar correcto, pero las direcciones están marcadas. Tal vez influyó en mí haber leído la reseña antes, pero estoy de acuerdo con el NYT. Todos los pequeños twists (me gusta esa palabra) se ven venir.
Tampoco me queda muy claro qué es lo que quiere la escritora -Theresa Rebeck-. A veces le inyecta mucha gravedad a la escena. A veces la hace muy ligera. En lo personal, supuse que estaba viendo una tragicomedia (no que sea algo malo, simplemente nunca supe en dónde estaba). Entiendo que hay obras en las que estos cambios tan bruscos funcionan. Pero en este caso la forma en la que se pasa de un extremo al otro marea (metafórica, no literalmente). En los últimos quince minutos es dramática casi en su totalidad.
Aunque qué sé yo. El teatro no es mi área de conocimiento (no por decisión propia).
No obstante, me la pasé muy bien. Y fui solo. (Tema de otro día, pero en Nueva York no me incomoda salir solo. Cine, teatro o comida)