22 de noviembre - The Players Club
Mi escuela tiene un programa de “mentors”. A los estudiantes nos emparejan con egresados de años anteriores, que nos apoyan de una forma u otra durante el año que estamos aquí. En la gran mayoría de los casos, los mentors sirven para explicarnos cómo era la escuela antes, qué están haciendo ahora y qué esperar de la vida una vez que obtenemos la maestría.
Mi mentor pasó por la escuela de periodismo entre 1961 y 1962. En esa época empezaba la leva para Vietnam, por lo que se inscribió en la maestría. Si estabas estudiando no te enviaban.
Ya que salió, fue reclutado. Pero dice que hacía tanto frío el día del examen físico que los dejaron presentarlo con los zapatos puestos. Sus zapatos tenían un poco de tacón. Él mide poco menos de dos metros, que era el límite de altura. Con los zapatos lo sobrepasaba. Le dijeron que no podía ir. Se salvó.
Trabajó en en Newsweek y en Time. Cubrió teatro. Cine. Y los disturbios en el sur durante la época de Martin Luther King. Vio al reverendo en vivo. Sus notas llegaron a la primera plana del NYT en varias ocasiones. Lo dice con una tranquilidad impresionante. Fue parte de su vida. Alguien como yo se queda con el ojo cuadrado.
Y fue muy amable, la verdad.
El lugar donde nos reunimos se llama “The Players Club”. Lo fundó Edwin Booth, un actor del siglo XIX. Booth es famoso no tanto por sí mismo, sino por lo que hizo su hermano, John Wilkes (el asesino de Abraham Lincoln).
El edificio, ubicado en Gramercy Park, es una casa de hace casi dos siglos. La conservan en el mismo estilo. Hoy alberga el club, que es para gente relacionada con el mundo del teatro.
Es como de esos lugares de película/televisión: hay sillones viejitos por todos lados, chimeneas, libros de hace mucho tiempo y los miembros toman brandy. Tiene una vista increíble del parque, de los más bonitos de NYC. Por cierto, el parque está cerrado al público en general. Sólo los vecinos y los miembros del club tienen la llave para entrar.
Alguien me decía por Twitter que diario me pasan cosas interesantes. Tiene razón. No por mí. Creo que se dan sólo por estar en Nueva York.
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