22 de octubre
Recibí un correo de mis abuelos preguntándome que si estoy bien, ya que el último texto que escribí es de hace una semana. Había dejado el blog en que estaba enfermo. Por suerte ya salí de eso.
Generalmente cuando escribo aquí es personal pero no. Cuento lo que estoy haciendo, en qué estoy trabajando, y para qué sirve. Pero por encima.
Hoy quiero compartir algo distinto:
El miércoles recibí mi evaluación de mitad de semestre. Es sólo del taller principal, que es la clase que he llevado desde principios de agosto.
Fue una evaluación ruda pero justa. El profe me dijo que podría llegar muy lejos si me aplicara más. Que necesito esforzarme.
Y tiene razón.
Después de eso hablé con Regina, que tuvo a bien ponerme en mi lugar. Palabras fuertes las suyas. También ciertas. Han dado pie a que reflexione sobre lo que estoy haciendo.
Nunca lo he admitido públicamente, hoy es momento de hacerlo.
He llegado hasta donde he llegado (y me merezco unos buenos trancazos por esto) sin trabajar al máximo. No he dado el 100 porque nunca he sentido la necesidad. He sido mediocre. No hay otra forma de decirlo.
Tengo 25 años. Estoy en lo que probablemente será el punto importante de mi vida. El que defina todo lo que sigue. Si quiero quedarme a vivir en este país, si quiero escribir, si quiero tener éxito, debo trabajar. Algo que nunca he hecho en serio. Es momento de ponerme las pilas por primera vez en mi vida. Mi futuro depende de ello.
Hora de madurar.
2 notes /