9 de octubre
Desde el primero del mes nos prendieron la calefacción en el departamento.
Ayer compré mi abrigo de invierno. La señorita de la tienda fue muy amable y paciente: le tuve que explicar que no soy de aquí y que no tengo ni la más mínima idea de qué funcionará para sobrevivir el invierno.
Esta semana empiezo mi optativa de Perfiles. Estoy muy emocionado. El profesor es editor del New Yorker. Como parte del curso, todos iremos -uno por uno- a lunch con él en las oficinas del New Yorker.
También tengo mi primera junta con el asesor de tesis. Ya tengo que empezar a pensar en un proyecto. Quiero hacer algo que tenga que ver con música, pero no sé muy bien qué. La idea es entregar un reportaje final de 5,000+ palabras sobre el tema. O sea, un texto tipo revista.
Todo comienza a juntarse.
Resulta que mañana es Día de Acción de Gracias en Canadá. Ellos celebran en octubre, y, hasta donde entiendo, es similar: pavo y demás. Yo, que tengo varios amigos/canadienses por acá, iré hoy a un lunch.
Sobre Steve Jobs: he leído todo lo que se ha publicado en los últimos días en periódicos y revistas. Creo que lo que más me llama la atención no es todo lo que hizo, sino el paso previo. Los obituarios hacen énfasis en que Jobs fue un semestre a la universidad y no siguió. Después tomó unas cuantas clases, pero nunca se graduó de nada.
Hay un salto: de repente ya tiene la compañía en su garage con el otro Steve, Wozniak, (alguien que sí sabe de computadoras) y están construyendo prototipos.
Yo quisiera saber qué fue lo que hizo que Jobs decidiera que ése era el camino.
Esta semana leo “Cornflakes with John Lennon”, de Robert Hilburn. Hilburn fue el crítico de música del Los Angeles Times por más de treinta años. Empezó escuchando country y de ahí se pasó al rock/pop. El tipo era incluso mayor que sus entrevistados. En los noventa, cuando era la época del rap en Los Angeles, Hilburn, ya cincuentón, entrevistaba a gente como Ice Cube.
Es un estilo distinto al que estoy acostumbrado. Es simple, parco. Con pocos adjetivos. Pero es muy bueno. Más que un texto, parece que estás hablando con él.
En general el libro me ha gustado mucho. Quizá, como dice mi amigo Pavo, Hilburn tiene una fijación excesiva con Bruce Springsteen. Como si Springsteen fuera la salvación de la música.
En fin, hora de ir al Thanksgiving canadiense.