“Occupy Wall Street”
El 17 de septiembre, un grupo conformado por Anonymous -los “ciberactivistas” que tiran sitios web de vez en cuando, incluyendo los del gobierno mexicano- y otras organizaciones, llamó a “ocupar” Wall Street, la calle insignia del sistema financiero estadounidense. La idea era acampar indefinidamente para mostrar el descontento de los estadounidenses comunes -autodenominados “el 99%”, porque, para ellos, el país está en dividido en dos partes: el 1% que controla todo y el 99% restante que sufre las consecuencias.
El 18 de septiembre, una amiga fue a cubrir la protesta, porque la idea sonaba interesante. Estuvo un par de horas, y regresó decepcionada. “It’s a non-story”, me dijo. “Non-story”, “no-historia”, significa que no hay nada.
Contó que estaban desorganizados, eran pocos, y tenían ideas bastante confundidas.
De hecho, no tenían un manifiesto común. El propósito era permanecer “hasta que Obama claudicara”. Nunca quedó claro qué querían decir con eso: ¿”Claudicara” ante qué?
Como otros movimientos actuales -los inconformes en España, por ejemplo- “Occupy Wall Street” es una respuesta a la situación actual. Es muestra de un hartazgo generalizado. Dos semanas después, el propósito sigue siendo el mismo: que se les escuche. Muchos han perdido su trabajo, su casa, su dinero… Y no tienen prospectos. Se maneja como una especie de última opción: ya no saben qué hacer mas que tomar las calles. El gobierno les ha fallado. La ironía, como veremos en los próximos párrafos, es que mientras una parte del país se queja de la falta de ayuda del gobierno, el otro lado busca desaparecerlo y que “cada quién le haga como pueda”.
A “Occupy Wall Street” se le comienza a llamar “el Tea Party de la izquierda” para descalificarlo. El Tea Party, la extrema derecha republicana, busca disminuir de forma considerable el papel del gobierno en Estados Unidos. Adiós a la seguridad social, a los fondos de desastre y a la ayuda a los desempleados. En varios círculos son considerados una especie de chiste. Pero para muchos estadounidenses descontentos, se han convertido en una opción viable.
En los debates de pre-candidatos de los republicanos, los miembros del ala del “Tea Party” -que son la mayoría de los presidenciables, por cierto- han dado mucho de qué hablar por sus excentricidades. Rick Perry, gobernador de Texas y ahora candidato principal, llamó al sistema de Seguridad Social estadounidense un “Ponzi Scheme”. Un “Ponzi Scheme” es un fraude de estructura piramidal. Es como decir que el IMSS es un fraude por cómo está estructurado. (Que un ciudadano común y corriente lo diga no impresiona, pero que un candidato presidencial lo haga… es muy distinto)
Cuando se mencionó que Perry tenía el récord de ejecuciones a nivel nacional, la gente aplaudió. Michelle Bachmann, otra de las candidatas, ha dicho en repetidas ocasiones que Dios se le apareció y le explicó que ella tenía que ser presidenta del país.
Al comparar “Occupy Wall Street” con el “Tea Party”, básicamente se les está diciendo locos. (Y hasta cierto punto puede ser, algunos de los manifestantes son de aquellos que creen en las teorías de conspiración sobre 9/11)
La actitud de los medios estadounidenses ante las protestas ha sido interesante. La primera reacción fue ignorar el tema. Sólo los sitios de internet más extremos le daban cobertura. El “media blackout” también ocurre en el primer mundo.
Pero en los últimos días eso ha cambiado un poco. Lamentablemente no por el mensaje de las protestas, sino por cosas que han pasado alrededor de ellas.
Lo primero que ocurrió fue que un policía le echó gas pimienta a varios manifestantes en dos ocasiones separadas. Como se ve en este video, el uso del spray fue totalmente innecesario. Anonymous, bastante hábil en responder -y excesivo-, publicó los datos del policía, su dirección, rango y nombres de los familiares. El policía lleva varios días con escolta asignada.
El video recibió mucha atención porque en Estados Unidos este tipo de cosas se supone que no pasan. Mientras que en Latinoamérica estamos acostumbrados a que se le pase la mano a los policías, en la cultura estadounidense cualquier cosa que involucre una “salida del guión” pone a todos en alerta.
Nick Kristof, periodista del New York Times, tuiteó que las protestas le recordaban a Egipto. Varios comentaristas dijeron que Kristof le estaba dando un ángulo demasiado romántico al tema. Sin duda, la cantidad de personas en Wall Street es mucho menor a Tahrir. Estamos hablando de centenares, no miles. Y centenares bajos: menos de 500 personas, probablemente.
Susan Sarandon y Michael Moore se dieron una vuelta por Wall Street durante la semana. Como sucede en México con La Jornada -en varios círculos, citar a La Jornada equivale a descalificación automática, al menos en mi experiencia personal-, cuando Moore aparece en un evento, el resto de la prensa deja de tomárselo en serio.
Uno de mis profesores, el ombudsman de NPR -la radio pública gringa-, escribió un texto en su blog sobre la decisión de NPR de no cubrir las protestas. El argumento de NPR fue que el movimiento no tiene objetivo claro y no son muchas personas las que participan.
El segundo evento que ha llamado la atención ocurrió el viernes. Se decía que Radiohead, una de las bandas más importantes a nivel mundial en estos momentos, daría un concierto en apoyo a los manifestantes. Al final nunca ocurrió. El show, supuestamente, se llevaría a cabo en Zuccotti Park, el centro de las protestas. Muchos de los participantes de “Ocuppy Wall Street” sacaron varias pancartas que decían “Si estás aquí para el concierto de Radiohead, mejor vete a casa”. Los medios se enfocaron en el concierto, y sólo tangencialmente hablaron de lo que estaba ocurriendo en el sur de Manhattan.
Finalmente, ayer hubo un récord de arrestos. Aproximadamente 700 personas fueron detenidas en el Brooklyn Bridge. La polémica al respecto es que parece ser que la policía le dio permiso a los manifestantes de salirse de las banquetas y tomar un carril del puente. Después resultó que la policía no iba a tolerar que se afectara el tráfico, y es ahí cuando todo cambió. El New York Times cambió de tono en veinte minutos, algo que algunos medios de internet alcanzaron a documentar. Vale la pena echarle un ojo a la imagen: con cambiar un par de frases el ángulo de la cobertura se modifica considerablemente.
(También vale la pena recalcar que una reportera asociada al NYT tuiteó mientras la policía la detenía.)
A pesar de la cantidad de personas arrestadas -incluyendo su propia reportera-, el NYT sólo sacó una pequeña foto en la parte inferior de su primera plana. El Daily News, uno de los periódicos locales, tampoco le dio mucha atención. Ni qué decir de las cadenas nacionales de televisión.
En resumen: “Occupy Wall Street” es un movimiento de gente inconforme con la situación actual en Estados Unidos -peligro de una segunda recesión, desempleo arriba del 9%, un congreso que no llega a consensos, y falta de respuestas en un futuro cercano.
Hasta ahora no hemos visto propuestas por parte de los manifestantes y la mayoría de los medios han decidido ignorar lo que ocurre o descalificarlo. Pero los eventos en los últimos días hacen pensar que esto apenas comienza.
2 notes /