Contagion (2011)
Desde hace un par de semanas quería ver Contagion, la nueva película de Steven Soderbergh.
Hoy pagué 19 dólares (una película normal cuesta entre 12 y 13) y la vi en IMAX. Sí, el cine en NYC es muy caro.
Contagion es, como su nombre lo indica, la historia de un contagio.
La película empieza con alguien tosiendo en off. Es Gwyneth Paltrow, que está regresando de Hong Kong a su casa en Minnesota. Dos días después, Paltrow se muere enfrente de su esposo, Matt Damon. Tiene un ataque epiléptico, le sale un poco de espuma de la boca y a pesar de llegar al hospital, no puede ser salvada.
Minutos más tarde, el hijo de Paltrow y Damon, que se quedó en casa, también está muerto. Misma situación.
A la par, el Center for Disease Control (la agencia anti-enfermedades de Estados Unidos), junto con la Organización Mundial de la Salud, empiezan a detectar casos en distintos lados. En Hong Kong, un mesero se muere. Luego otra persona en China. Londres, Chicago… La enfermedad se esparce. Damon, por alguna razón, es inmune.
Aparece Kate Winslet como una doctora de campo. Laurence Fishburne como el científico que trata entender todo. Y Jude Law, con dientes falsos. Law es un “bloggero” que se la pasa exclamando cosas como “lo vi en Facebook”, “alguien tuiteó que…” y, más gracioso aún, “¡Los periódicos están muertos!”. Comentaba con un amigo a la salida que los dientes chuecos automáticamente te vuelven villano. Como cuando alguien está pelón.
Por como cuento la trama, parece que es una película tipo Will Smith, en la que los muertos se convertirán en zombies y Matt Damon tendrá que cargar con una escopeta por Estados Unidos después del Apocalipsis. Pero no. Soderbergh maneja la historia más como un thriller político que como una película de caos. El ritmo y las tomas son rápidas, lo cual nos da una idea de cómo se mueve la enfermedad. Los enfoques de la cámara son impresionantes: pollos, cerdos y demás animales; los estornudos, la gente tomando agua. El contagio está en todos lados. Dan ganas de cubrirse las manos en una capa permanente de gel antibacterial.
El guión es bastante efectivo. Empezamos en el día dos del contagio, y sólo vemos pequeños pedazos del pasado: Paltrow aparece de vez en cuando para mostrarnos un poco más del contagio, hasta que en la última toma se desenvuelve todo.
Contagion tiene sus fallas. En mi opinión, hay demasiados personajes. El de Law (que tiene un acento extrañamente australiano) es caricaturesco. Algunos sobre los que nos interesaría saber más, como por ejemplo Elliot Gould, que sale escasos minutos, casi no figuran en la historia. Marion Cotillard es una doctora que no aporta nada mas que su belleza.
También sufre de sobrecarga. Como la enfermedad, la trama va esparciéndose, hasta abarcar demasiadas historias, por lo que uno de repente olvida qué estaba sucediendo. Debería ser más compacta.
No obstante, el centro de la película es interesante. Junto a la enfermedad aparecen la burocracia y las fechas. Que si hacen exámenes en changos, tardarán tanto. De ahí a humanos. De ahí a la producción de la vacuna. Todo tarda meses. Hasta años.
Al mismo tiempo, la gente se desespera. Empiezan los disturbios, los saqueos, la violencia. Todo es un espiral. Cuando Soderbergh se enfoca en eso, estás agarrado del asiento (pero con las manos cubiertas, para no infectarte). Alguien tose en el cine e inmediatamente te pones tenso.
Contagion es un buen recuerdo sobre la fragilidad del mundo: basta con que pase algo, cualquier cosa, para que las cosas muten para mal.